Más que contar minutos
Las guías de la OMS para menores de cinco años integran actividad física, comportamiento sedentario y sueño durante las 24 horas. El objetivo no es llenar una tabla perfecta, sino reemplazar periodos pasivos por juego, movimiento y momentos de calidad con adultos.
Cuando el niño está quieto, leer cuentos, conversar, cantar o armar rompecabezas ofrece una experiencia diferente a mirar contenido de forma pasiva.
Pantallas según la edad
La OMS no recomienda tiempo sedentario frente a pantallas para menores de un año ni para niños de un año. Para los dos años y para los tres a cuatro años, propone no superar una hora al día; menos es mejor.
Una videollamada acompañada no es igual que dejar contenido reproduciéndose sin interacción. El contexto, la calidad y la presencia de un adulto importan, pero una pantalla no reemplaza el juego físico, el sueño ni la conversación cara a cara.
Movimiento distribuido durante el día
- Los bebés que aún no se desplazan necesitan juego activo en el suelo y al menos 30 minutos de tiempo boca abajo repartido mientras están despiertos.
- Los niños de 1 a 2 años deberían acumular al menos 180 minutos de actividad variada durante el día.
- Los niños de 3 a 4 años también necesitan 180 minutos, incluyendo al menos 60 minutos de actividad moderada a intensa.
- No es necesario hacerlo todo de una vez: caminar, bailar, trepar con seguridad y jugar cuentan.
El sueño también es desarrollo
La OMS recomienda, incluyendo siestas, entre 12 y 16 horas para bebés de 4 a 11 meses, entre 11 y 14 horas para niños de 1 a 2 años y entre 10 y 13 horas para los de 3 a 4 años. Las necesidades individuales varían, pero una rutina consistente ayuda.
Cambios pequeños que funcionan
Define momentos y lugares sin pantallas, evita usarlas durante las comidas, ofrece alternativas visibles y participa en el juego. Los adultos también modelan hábitos: guardar el teléfono durante una conversación transmite que la interacción merece atención.
Si existen ronquidos intensos, pausas respiratorias, somnolencia diurna marcada, dificultades persistentes para dormir o preocupación por el desarrollo, conversa con el pediatra.